Si la manilla ya ha dejado su marca en la pared, no eres la única persona. Basta con abrir la puerta con un poco de energía, o con que la empuje una corriente, para que golpee una y otra vez en el mismo punto. Estas son las soluciones más sencillas.
1. Un tope de suelo delante de la pared
Es la opción más eficaz: la puerta se detiene antes de llegar a la pared, así que la manilla nunca la toca. Colócalo en el recorrido de la puerta, unos centímetros antes de la pared. Si es adhesivo, no tendrás que taladrar.
2. Un protector adhesivo en la pared
Es un disco de goma o silicona que se pega justo donde golpea la manilla. Evita la marca, pero la puerta sigue chocando y no se queda abierta.
3. Un tope en la bisagra
Algunos topes se colocan en el pasador de la bisagra y limitan cuánto se abre la puerta. No se ven, pero hay que sacar el pasador para instalarlos y no sirven con todas las bisagras.
4. Cuñas y topes sueltos
Sirven para un apuro, pero se mueven y hay que recolocarlos cada vez.
Dónde colocar el tope de suelo
- Abre la puerta despacio hasta que la manilla quede a unos centímetros de la pared.
- Marca en el suelo el punto donde quieres que se detenga.
- Limpia y seca esa zona y pega el tope.
- Abre la puerta para comprobar que se detiene antes de la pared.
Si además quieres la puerta abierta
Nuestro tope de puerta sin taladrar hace las dos cosas: detiene la puerta antes de que golpee la pared y la mantiene abierta aunque haya corriente. Se pega al suelo con el adhesivo incluido, sin herramientas, y está disponible en cuatro colores.